La pantalla no es un país: lo que España no se atreve a discutir

☆ Guardar
La pantalla no es un país: lo que España no se atreve a discutir

España entra en 2026 dividida, cansada y confundida. Este no es un artículo para gritar, sino para pensar sin etiquetas.

España entra en 2026 dividida, cansada y confundida. No por falta de opiniones —sobran—, sino por falta de debates honestos. Cada bando cree tener razón, cada generación se siente incomprendida y cada día es más difícil distinguir entre hechos y consignas.

Este artículo no pretende convencerte de votar a nadie. Pretende algo más incómodo: invitarte a pensar sin etiquetas.

Porque no hay futuro sin un país funcional.
Y no hay país funcional sin cohesión social.
Y no hay cohesión social cuando la realidad se sustituye por relato.

1. Hechos que no son opinables

Empecemos por lo que no es ideología.

España presenta en 2026 varios indicadores estructurales preocupantes:

  • Productividad estancada desde hace más de una década.
  • Deuda pública elevada y estructural, no coyuntural.
  • Natalidad en mínimos históricos, incapaz de sostener el sistema.
  • Emigración juvenil cualificada, silenciosa pero constante.
  • Acceso a la vivienda cada vez más tardío o imposible.
  • Empleo precario disfrazado de estabilidad estadística.
  • Dependencia creciente del Estado frente a un tejido productivo débil.

Estos datos no son “de derechas” ni “de izquierdas”. Son señales clásicas de agotamiento que la historia económica conoce bien. Ignorarlas no las hace desaparecer; solo retrasa el coste.

2. El error que se repite en los países que entran en declive

España no es un caso aislado ni excepcional. Los países que entran en crisis profunda no suelen hacerlo de golpe, ni con tanques en la calle. Lo hacen de otra manera:

  1. Niegan problemas reales por razones morales o electorales.
  2. Sustituyen debate por etiquetas (“facha”, “rojo”, “enemigo”).
  3. Convierten la política en identidad, no en gestión.
  4. Prometen protección en lugar de proyecto.
  5. Dividen a la sociedad para movilizarla.

Este patrón se ha visto en distintos lugares y épocas. No depende de una ideología concreta, sino de algo más peligroso: la incapacidad de corregir a tiempo.

3. Juventud: víctimas, no culpables

A los jóvenes se les señala con frecuencia: apáticos, enganchados al móvil, desinteresados por la política. Es un error profundo.

La generación que hoy tiene entre 18 y 30 años no eligió este contexto:

  • no eligió un mercado laboral roto,
  • no eligió precios de vivienda imposibles,
  • no eligió un sistema que retrasa su independencia,
  • no eligió heredar un país endeudado y envejecido.
La pantalla no es la causa del problema; es el refugio cuando la realidad no ofrece horizonte.

4. La división como modelo de poder

La polarización no es un accidente. Funciona.

Un país dividido discute entre sí y no exige resultados.
Un país enfrentado consume relato y no fiscaliza gestión.
Un país emocional vota con miedo y no con criterio.

5. ¿Y las ofertas políticas?

Conviene decirlo con claridad: ningún partido es perfecto. Ninguno. La experiencia demuestra que todos decepcionan cuando gobiernan.

Pero hay una diferencia fundamental entre unas propuestas y otras:

  • Quienes niegan problemas evidentes.
  • Quienes viven del conflicto.
  • Y quienes, al menos, reconocen límites, errores y riesgos.

La política útil no promete paraísos.
Promete orden, responsabilidad y corrección de errores.

6. Pensar como nuestros abuelos no es retroceder

A menudo se desprecia el pensamiento de generaciones anteriores como “pasado” o “superado”. Es una simplificación peligrosa.

No se trata de volver atrás.
Se trata de no despreciar la experiencia histórica.

7. España aún está a tiempo (pero no mucho)

España no está condenada. Aún no.
Pero el margen se estrecha.

El deterioro no será épico ni violento.
Será administrativo, silencioso y generacional.

España no se romperá por una ideología,
sino por dejar de pensar juntos.

La pantalla no es un país.
Y el futuro no se construye con relatos, sino con realidad.

Pensar es incómodo.
Pero es la única salida.

¿Te gustó este artículo? Compártelo con tu gente y ayuda a que Liébana llegue más lejos.

Cuando compartes y animas a otros a unirse, puedes sumar Puntos del Valle. Descubre cómo conseguirlos.

👁️ 149 lecturas
Volver al blog